domingo, 4 de noviembre de 2012
Pues sí...¡Soy tonta y eso no es nada nuevo!,suspiró, garabateando en su hoja de cuentas. Lo veo todo, lo siento todo, capto miles de detalles como astillas que me despellejan viva. Miles de detalles que a otros no les afectan porque tienen la piel de cocodrilo. Los ojos amarillos de los cocodrilos. Katherine Pancol.
domingo, 14 de octubre de 2012
Como ve, todos tenemos en nuestro interior los elementos necesarios para producir fósforo. Es más, déjeme decirle algo que a nadie le he confiado. Mi abuela tenía una teoría muy interesante, decía que si bien todos nacemos con una caja de cerillos en nuestro interior, no los podemos encender solos, necesitamos como en el experimento, oxígeno y la ayuda de una vela. Sólo que en este caso el oxígeno tiene que provenir, por ejemplo, del aliento de la persona amada; la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido que haga disparar el detonador y así encender uno de los cerillos. Por un momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción. Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a poco conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión a reavivarlo. Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse uno de ellos es lo que nutre de energía al alma. En otras palabras, esta combustión es su alimento. Si uno no descubre a tiempo cuáles son sus propios detonadores, la caja de cerillos se humedece y ya nunca podremos encender un solo fósforo.
>> Si eso llega a pasar el alma huye de nuestro cuerpo, camina errante por las tinieblas más profundas tratando vanamente de encontrar alimento por sí misma, ignorante de que sólo el cuerpo que ha dejado inerme, lleno de frío, es el único que podría dárselo.
¡Qué ciertas eran estas palabras! Si alguien lo sabía era ella.
Desgraciadamente, tenía que reconocer que sus cerillos estaban llenos de moho y humedad. Nadie podría volver a encender uno solo.
Lo más lamentable era que ella sí conocía cuáles eran sus detonadores, pero cada vez que había logrado encender un fósforo se lo habían apagado inexorablemente.
Como agua para chocolate. Laura Esquivel.
domingo, 7 de octubre de 2012
El frío permanecía inamovible. Entonces se puso zapatos de estambre y otras dos cobijas. Nada. Por último, sacó de su costurero una colcha que había empezado a tejer el día en que Pedro le habló de matrimonio. Una colcha como ésta, tejida a gancho, se termina aproximadamente en un año. Justo el tiempo que Pedro y Tita habían dejado pasar antes de contraer nupcias. Decidió darle utilidad al estambre en lugar de desperdiciarlo y rabiosamente tejió y lloró y tejió, hasta que en la madrugada terminó la colcha y se la echó encima. De nada sirvió. Ni esa noche ni muchas otras mientras vivió logró controlar el frío. Como agua para chocolate. Laura Esquivel.
viernes, 5 de octubre de 2012
Sin salida
No sé si estoy aquí o allí, no sé si estaba bien ayer, no sé puede ser que sí. Tengo la misma sensación que cuando llegas al final de un camino estrecho y no hay salida y tienes que volverte marcha atrás y sólo con moverte ya molesta a los demás que no quieren saber que hay al final ni que se lo digas. Tengo la misma sensación que cuando estoy casi dormida que todo me parece bien hasta empezar la pesadilla. No puedo despertarme porque no estoy dormida, no quiero acostumbrarme a estar tan confundida, tendré que acurrucarme y esperar en una esquina a que se haga de día y ya no esté perdida ni esté tan dolorida para reconciliarme con mi vida, quiero recuperar mi vida, quiero recuperarme.
Carmen Boza.
sábado, 29 de septiembre de 2012
Desengaño
Una vez satisfecha su pasión, todo amante experimenta un especial desengaño: se asombra de que el objeto de tantos deseos apasionados no le proporcione más que un placer efímero, seguido de un rápido desencanto.
En efecto; ese deseo es a los otros deseos que agitan el corazón del hombre como la especie es al individuo, como el infinito es a lo finito. Sólo la especie se aprovecha de la satisfacción de ese deseo, pero el individuo no tiene conciencia de ello. Todos los sacrificios que se ha impuesto, impulsado por el genio de la especie, han servido para un fin que no es el suyo propio. Por eso todo amante, una vez realizada la grande obra de la Naturaleza, se llama a engaño; porque la ilusión que le hacía victima de la especie se ha desvanecido.
Schopenhauer
miércoles, 5 de septiembre de 2012
El poder de una vocal
Qué extraño saber con toda seguridad que esta noche tocas otro cuerpo y yo también otro diferente. Quién sabe si a la misma vez besamos otras bocas, otros labios, otros rincones tan iguales y tan distintos. Despertar a media noche y tropezarme con un cuerpo que no es el tuyo, sentirlo ajeno y saber de nuevo, con la misma seguridad, que justo en ese momento cuando despierto y miro la hora y veo una sombra que tampoco quiere estar aquí, estás llegando al lugar donde tantas veces te esperé. Lo dicho, qué extraño, que tu ansia me duela, que seas tan diferente y yo tan estúpida. Que no quiera hacer al amor más que volando,ya me ves, qué idiota.
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