miércoles, 8 de abril de 2009


Ríe, la vida como un volcán hay veces que ríe, y nada tiene que ver con el tiempo, se ríe porque para ella somos tan leves como el humo azul que del pudor se desprende, y ríe porque tu llanto se lo merece y también porque el querer es reírse a veces...
Vive, la vida por compasión hay veces que vive, y nada tiene que ver con la muerte, y cuando llegue ese instante déjame verte, que no hay mayor libertad que tenerte enfrente, y que nadie sea absuelto por no quererse y vive porque el querer es vivir con creces...

martes, 7 de abril de 2009


Y cada uno en su camino
va cantando espantando sus penas
Y cada cual en su destino
va llenando de soles sus venas.
Y yo aquí sigo en mi trinchera, corazón
tirando piedras...

domingo, 5 de abril de 2009


Dicen que a través de las palabras el dolor se hace más tangible, que podemos mirarlo como a una criatura oscura, tanto más ajena a nosotros cuando más cerca la sentimos, pero yo siempre he creído que el dolor que no encuentra palabras para ser expresado, es el más cruel, el más hondo, el más injusto…


“A los que aman”

viernes, 3 de abril de 2009


Oliverio- ¿El amor?¿Cómo amar sin poseer?¿Cómo dejar que te quieran sin que te falte el aire? Amar es un pretexto para adueñarse del otro, para volverlo tu esclavo, para transformar su vida en tu vida, ¿cómo amar sin pedir nada a cambio, sin necesitar nada a cambio?

Mujer- Casi siempre el error que cometemos es pensar sólo lo que nos pasa a nosotros. Nos parece tan importante eso que sentimos que nada del otro puede ser tan importante como eso que sentimos, y esa contradicción suele ser trágica […] es el error más común que cometemos todos: querer que el otro sea como queremos que sea y no como es, y cuando nos damos cuenta del error a veces es demasiado tarde. (Subiela 1992)

domingo, 22 de marzo de 2009

Pequeña vida melancólica


¡AH, PRINCIPITO!, cómo he ido comprendiendo lentamente tu vida melancólica! Durante mucho tiempo tu única distracción fue la suavidad de las puestas de sol. Este nuevo detalle lo supe al cuarto día, cuando me dijiste:
-Me gustan mucho las puestas de sol; vamos a ver una puesta de sol…
-Tendremos que esperar…
-¿Esperar qué?
-Que el sol se ponga.
Pareciste muy sorprendido primero, y después te reíste de ti mismo. Y me dijiste:
-Siempre me creo que estoy en mi casa..
En efecto, como todo el mundo sabe, cuando es mediodía en Estados Unidos, en Francia se está poniendo el sol. Sería suficiente poder trasladarse a Francia en un minuto para asistir a la puesta del sol, pero desgraciadamente Francia está demasiado lejos. En cambio, sobre tu pequeño planeta te bastaba arrastrar la silla algunos pasos para presenciar el crepúsculo cada vez que lo deseabas…

-¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces!
Y un poco más tarde añadiste:
-¿Sabes?... Cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de sol.
-¿Estabas, pues, verdaderamente triste el día de las cuarenta y tres veces?
El principito no respondió.

lunes, 16 de marzo de 2009


"Y hago como que olvido,
como que no existes…
que no sé quien eres,
ni conozco tus manos."

sábado, 14 de marzo de 2009

Capítulo 20


-No -dijo Oliveira-. No queda nada.
En el rellano gritaba la del tercer piso, borracha como siempre a esa hora. Oliveira miró vagamente hacia la puerta, pero la Maga lo apretó contra ella, se fue resbalando hasta ceñirle las rodillas, temblando y llorando.
-¿Por qué te afligís así? -dijo Oliveira-. Los ríos metafísicos no pasan por cualquier lado, no hay que ir muy lejos a encontrarlos. Mirá, nadie se habrá ahogado con tanto derecho como yo, monona. Te prometo una cosa: acordarme de vos a último momento para que sea todavía más amargo. Un verdadero folletín, con tapa en tres colores.
-No te vayas -murmuró la Maga, apretándole las piernas.
-Una vuelta por ahí, nomás.
-No, no te vayas.
-Dejáme. Sabés muy bien que voy a volver, por lo menos esta noche.
-Vamos juntos -dijo la Maga-. Ves, Rocamadour duerme, va a estar tranquilo hasta la hora del biberón, tenemos dos horas, vamos al café del barrio árabe, ese cafecito triste donde se está tan bien.
Pero Oliveira quería salir solo. Empezó a librar poco a poco las piernas del abrazo de la Maga. Le acariciaba el pelo, le pasó los dedos por el collar, la besó en la nuca, detrás de la oreja, oyéndola llorar con todo el pelo colgándole en la cara. -Chantajes no-, pensaba. -Lloremos cara a cara, pero no ese hipo barato que se aprende en el cine.- Le levantó la cara, la obligó a mirarlo.
-El canalla soy yo -dijo Oliveira-. Dejáme pagar a mí. Llorá por tu hijo, que a lo mejor se muere, pero no malgastes las lágrimas conmigo. Madre mía, desde los tiempos de Zola no se veía una escena semejante. Dejáme salir, por favor.
-¿Por qué? -dijo la Maga, sin moverse del suelo, mirándolo como un perro.
-¿Por qué que?
-¿Por qué?
-Ah, vos querés decir por qué todo esto. Andá a saber, yo creo que ni vos ni yo tenemos demasiado la culpa. No somos adultos, Lucía. Es un mérito pero se paga caro. Los chicos se tiran siempre de los pelos después de haber jugado. Debe ser algo así. Habría que pensarlo.